Enfermedades y emociones

Enfermedades y emociones

Para poder diferenciar un componente emocional del instinto de supervivencia animal, tenemos que partir de la base biológica del ser humano.

Por un lado tenemos la parte de funcionamiento biológico dentro de su programa, con la información genética como los animales, por lo que el instinto de supervivencia también lo tenemos. Como eslabón perdido de las especies tenemos una zona cortical y de epidermis que nos diferencia, teniendo inteligencia para poder construir, desarrollar y cognitivamente poder comunicarnos. Donde evolucionamos desde los 4 años y formamos nuestra personalidad desarrollando nuestro nivel intelectual y tecnológico de adultos.

Si analizamos a los animales en su supervivencia, vemos que tienen que sobrevivir en un medio, adaptándose tanto si son presas como cazadores y cuando están en peligro y han salido airosos solo les pasa la factura la fatiga o la inanición si no han podido comer.

 

Enfermedades y emociones

En los humanos, cuando desarrollamos nuestra personalidad, todo lo que suceda que nos haga sufrir, pasar miedo, frustraciones, complejos, desvalorizaciones, desapegos, se va a quedar enquistado en nuestro subconsciente, en el programa de ordenador (cerebro), en la fecha en la que ocurrió el conflicto, apareciendo en la interacción social cuando la vida nos ponga a prueba en situaciones parecidas donde salta el relé del miedo o emoción que nos produjo el sufrimiento.

Cuando los humanos reaccionamos en el ámbito social de nuestro entorno (trabajo, familia, vecinos, amigos, conocidos) sacamos el mecanismo de defensa, que no es otra cosa que la pataleta de querer sacar la artillería pesada cuando en nuestra carreta (archivo de ordenador) hay mucho ruido y pocas nueces, es decir, que tiramos de la educación como base de nuestras creencias, siendo prestadas al no poder haber pasado por ellas.

¿Por qué no podemos superar nuestras reacciones?, donde el componente emocional va a aflorar cuando nos sintamos, dolidos, humillados, señalados, vejados y el orgullo (ego) se va a apoderar de la situación haciéndonos entrar en un bucle donde la espiral  negativa a nivel emocional se va haciendo más grande, donde nos pasa la factura la conciencia cuando estamos a solas.

 

Si somos conscientes que tenemos una inteligencia que nos ayuda a desarrollarnos intelectualmente y tecnológicamente, no es que sea malo pudiendo evolucionar profesionalmente. Pero en la conciencia del tener (estudios, trabajo, hobbies) no nos pasa la factura la vida en el camino (interacción social), sino en las reacciones que tenemos en el entorno, donde van a aparecer lo que hemos archivado en el inconsciente que nos hizo sufrir, poniéndonos a prueba la vida en los distintos núcleos de interacción: trabajo, familia, pareja, amigos, vecinos etc., desvalorizándonos, defendiéndonos, acomplejándonos, creando un pensamiento negativo que cronifica la interacción y comunicación dentro de nuestro sentir, defendiéndonos con una coraza en nuestra personalidad externa mostrando lo que no somos con una fachada o careta que no es la nuestra, creyendo que no nos van a hacer daño.

Si sabemos que las reacciones son la causa de nuestro malestar, tenemos que empezar a cambiar conociéndonos. Para ello tenemos que desconectar el piloto automático y empezar a ser conscientes de la realidad donde empezamos, a vernos en realidad como somos, comprendiendo que no somos tan grandes ni tan importantes como creíamos, empezando un despertar a la conciencia donde podemos tirar de la moviola de nuestro ordenador para saber cómo nos hemos comportado.

Veremos que cuanto más nos observamos más detalles saldrán de nuestro virus de ordenador, apareciendo los reactivos que nos hacen saltar (reaccionar) sabiendo que emoción es y qué pensamiento lo cronifica, pudiendo recapitular nuestra historia para saber dónde se enquistaron los problemas hasta liberarnos del yugo que nos aprisionaba.

Las emociones van a producir una respuesta física en dependencia de cómo nos afecta a nivel de sostenibilidad con el entorno (médula cerebral, desvalorizaciones) al aparato musculoesquelético y tejido conectivo además de vasos sanguíneos y linfáticos y en algunos órganos como el bazo, parénquima renal y ovarios. Cómo reaccionamos en sistema de supervivencia (tallo cerebral), con conflictos de alimentarse (tubo digestivo, boca), respirar (alveolos pulmonares) y órganos como el hígado con conflictos de miedo a morir de hambre, riñón con conflictos de desarraigo o abandono (túbulos colectores), vejiga con conflictos de relación triste y desagradable con la pareja. Además de los de ataque en pleuras, peritoneo, pericardio, mancillamiento. En la parte ectodérmica cortical, miedos, desapegos, conflictos de territorio etc., que afectan al epitelio plano de los conductos, piel, sistema nervioso y órganos de los sentidos como la vista y el tacto.

En todo lo expuesto podemos mejorar a través de la terapia manual (osteopatía, fascioterapia) los síntomas, mecanismos de defensa y superposición de planos de adaptación a la gravedad así como los compartimentales musculares de afectación refleja neurológica a los distintos plexos nerviosos (ciatalgias, cruralgias, braquialgias).